Muralla de Ávila

La Muralla de Ávila es un gran artefacto defensivo -uno de los mejores de Europa- que desde hace 900 años rodea la ciudad antigua, y constituye uno de los emblemas de la ciudad y de sus habitantes. La muralla no sufrió asedio alguno y sobrevivió a todos los intentos de derribo. Declarada en 1884 monumento nacional, hoy es una de las señas de identidad de Ávila.

Hecha de piedra (caliza roja, granito gris, ladrillo y mampuesto), la muralla es una gran construcción colectiva que requirió un gran esfuerzo económico y humano de judíos (que aportaron el hierro para las puertas, las cadenas de los puentes y otros aparejos bélicos), mudéjares (hábiles en la construcción, dejaron frisos y arcos de ladrillo rojo en numerosos puntos de la construcción, y hasta el momento de su expulsión, se encargaban de las labores de albañilería), caballeros e hidalgos, quienes hacían la ronda por el adarve y campesinos, que se encargaban de limpiar los fosos, reparar el adarve y conseguir la piedra, la cal y la arena. En total, la construcción tiene 2.516 metros de perímetro con un grosor medio de tres metros y una altura de doce metros, con sus 88 torreones.

No se conoce con precisión la cronología del levantamiento de las murallas, se sabe que su construcción se inició a finales del siglo XI y duró aproximadamente 50 años.



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