Historia de Brujas

La comunicación con el mar ha sido siempre para Brujas una cuestión vital. Monedas antiguas demuestran que los normandos habían creado en el siglo IX un recinto fortificado al que llamaron “Brygghia” (que significa en noruego antiguo puentes, muelles o atracaderos). En aquel entonces la actividad humana empezaba a extenderse entorno al castillo de Balduino I.

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La gran marea de 1134 creó una brecha que unió a la ciudad con el mar, gracias a lo cual comenzó una época de prosperidad económica, al asegurarse los comerciantes de Brujas su monopolio sobre la importación de la lana inglesa.

A partir del siglo XIII, los extranjeros comienzan a llevar sus productos a Brujas y a comprar aquí los famosos paños flamencos.

El siglo XIV, bajo la corte de Borgoña, fue la Edad de Oro para Brujas. Pequeñas empresas independientes hicieron florecer la industria de los paños. El nivel de vida era muy elevado y provocó una gran afluencia de artistas, comerciantes, banqueros y artesanos. Brujas entonces era el centro comercial más importante de Europa, así como su mayor mercado monetario.

La desecación del río Zwin por la acumulación de sedimentos fue lo que marcó su vertiginosa decadencia. Las importaciones disminuyeron, los extranjeros se iban de la ciudad y la competencia de Amberes era cada vez mayor. Las tentativas de volver a comunicar la ciudad con el mar fracasaron, y así fue como la ciudad fue cayendo en el olvido hasta que la Revolución Industrial le asestó el golpe definitivo, pues significó el fin del trabajo artesano. En 1845 la mitad de la población vivía de la mendicidad, pero en el mismo siglo la ciudad comenzó a atraer turistas británicos por su carácter medieval y por ser la ciudad medieval mejor conservada de Europa. Actualmente, es destino turístico de rango internacional. Bajo el impulso de Leopoldo II fue construido el gran puerto de Zeebrugge, cuya importancia económica no ha cesado de crecer desde 1950.



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