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Los orígenes de Santiago de Compostela se remontan
a los primeros años del siglo IX, cuando el obispo
de Iria, Teodomiro, descubre el sepulcro del apóstol
Santiago. Más tarde, se convertiría en
centro de peregrinaje y Alfonso VI iniciaría
la catedral románica en 1075. Desde entonces,
la ciudad se fue conformando a lo largo de los siglos
en torno al sepulcro del apóstol Santiago, lo
que ha dado como resultado uno de los conjuntos arquitectónicos
más espléndidos y armónicos del
mundo. Considerada una de las tres capitales espirituales
de la cristiandad junto con Roma y Jerusalén,
desde la Edad Media se convirtió en la meta de
peregrinaciones religiosas, fenómeno que daría
origen al Camino de Santiago. Desde el siglo XII, cuenta
con el privilegio del Año Santo Jubilar, que
se celebra cuando la festividad de Santiago (25 de julio)
coincide en domingo, es decir, cada 6, 5, 6 y 11 años.
No obstante, el día del apóstol tiene
lugar la "Quema de la fachada", un espectáculo
pirotécnico en la plaza del obradoiro que culmina
con la iluminación mediante luces y fuegos artificiales
de la fachada de la catedral.
La belleza de Santiago es el resultado de un proceso
histórico en el que los artistas de cada época
fueron completando y perfeccionando el arte existente,
creando una combinación entre lo moderno y lo
antiguo, entre lo sagrado y lo profano.
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Botafumeiro
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La vida cultural compostelana se palpa más allá
de las programaciones oficiales: cientos de conciertos,
representaciones teatrales, exposiciones y actos de
todo tipo tienen lugar en las salas alternativas, en
las galerías y en los establecimientos donde
transcurre la animada vida nocturna de la ciudad.
Uno de los elementos más emblemáticos
de Santiago es el conocido botafumeiro. Se trata de
un gran incensario que recorre las alturas de la catedral,
oscilando como un péndulo, sujetado mediante
un mecanismo de poleas que mueven varios hombres conocidos
como tiboleiros. Funciona sólo en las grandes
solemnidades y todos los domingos del Año Santo.
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