Historia Los orígenes
de Ledesma se remontan a la época prerromana. La situación estratégica
a orillas del río y su fácil defensa, junto al menhir y el verraco
de Ledesma, nos hablan de la existencia de un castro prehistórico como
primer asentamiento del lugar.
La época romana dejó testimonios
de la ocupación de estas tierras; algunos ejemplos son el Puente Mocho,
sobre la Rivera del Cañedo, o el puente que salva la Rivera de Fuentes,
Luengas, en la dehesa de Peñacerracín, que conservan la fábrica
romana. Vestigio de la romanización es también el cipo o mojón
terminal incrustado en la pared nordeste de la iglesia de Santa maría,
cuya inscripción hace referencia a César Augusto y a Bletisa como
posible denominación romana de la actual Ledesma; el cónsul Bleto
quedó al cargo de la ciudad en el año 93 y la dio su nombre, que
sucesivamente pasó por los de Betisa, Letisa, Letisma y Letesma antes de
llamarse Ledesma. El alejamiento geográfico y el papel de los caballeros
en las batallas con los musulmanes y los portugueses y en la lucha por la independencia
del reino de Castilla supuso una organización política y económica
en gran medida independiente del poder real y con un fuerte peso de Consejo, más
allá del carácter realengo de estas tierras o de la cesión
temporal a diferentes señores. En el año 1462 el rey Enrique
IV cede el dominio de Ledesma a su favorito Don Beltrán de la Cueva, duque
de Albuquerque, que se convierte en el primer conde de Ledesma e impone su escudo
a la villa que,d desde este momento y hasta la disolución del régimen
señorial en el siglo XIX, pertenecerá a sus legítimos descendientes.
Las franquicias del mercado semanal de los jueves y el dominio de Ledesma sobre
116 lugares, 35 alquerías y 30 despoblados situados en sus cinco rodas
conveierten a la ciudad en punto de intercambio. La centralidad comercial y la
bonanza económic ase traduce en un aumento demográfico y en la expansión
del caserío más allá del recinto amurallado, ocupado por
la nobleza, la administración y la iglesia, y del arrabal histórico
de Los Mesones. De esta forma surgen al sur y al oeste los arrabales de Santa
Elena, San Pablo, del Mercado, San Jorge, las Huertas y Las Ventas, donde se instalan
los nuevos labrantines, comerciantes y jornaleros que acuden a la villa y elevan
su población de 489 vecinos a finales del siglo XVI a 600 a principios
del XVII. La sucesión de hambrunas, malas cosechas y peste unido a la salida
de la nobleza civil y eclesiástica hizo retroceder a la población
en los siglos siguientes por debajo de los 450 vecinos. La presencia musulmana
se remonta al menos hasta el año 745, año en el que sufrieron martirio
los clérigos Leonardo y Nicolás, a la sazón instructores
de nicolasín, hijo del señor árabe de Ledesma, que fue bautizado
y también martirizado. La conviviencia entre los nuevos y los viejos pobladores
debió ser amistosa, a pesar de los acontecimientos descritos, y todo parece
indicar que los dominadores ocuparon la parte noble de la villa y los cristianos
se situaron en las afueras. La pujanza económica de aquellas épocas
y los primeros intentos de repoblación cristiana por parte de Ramiro II
tras la batalla de Simancas explicaron los ataques de Almanzor en los años
978 y 979 así como el relativo vaciamiento de las tierras ledesminas hasta
bien entrado el siglo XI. La repoblación definitiva de Ledesma llega
con el rey Fernando II de León, que otorga el fuero en el año 1161
e inicia una época de esplendor de la villa cuyo alfoz se sitúa
entre los de Salamanca, Zamora y Ciudad Rodrigo. Es también ahora cuando
se erige la muralla con grandes bloques de granito y varias puertas que refuerza
los 40 metros del foso del Tormes. El medievo convierte a Ledesma en centro
político y en punto estratégico para la comunicación entre
los territorios del norte y este del reino de León, además de articular
las relaciones de los núcleos circundantes. La situación fronteriza
de Ledesma es un acicate para la llegada de repobladores gallegos y asturleoneses
que de forma espontánea se establecen en estas tierras. El siglo
XX ofrece un comportamiento positivo hasta 1950, cuando Ledesma alcanza su máximo
poblacional con 2.806 habitantes. A partir de estte momento la absorción
por parte de la capital salmantina de las actividades mercantiles y de las funciones
de centralidad resta protagonismo a Ledesma y la sume en una fase de atonía
y regresión socioeconómica, sólo frenanda en los últimos
años. En los albores del siglo XXI Ledesma cuenta con poco más de
1.900 habitantes e inicia el milenio con una renovada ilusión por liderar
las nuevas propuestas de desarrollo endógeno comarcal.
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