HistoriaLa villa está
documentada desde el siglo XI, gracias a documentos relativos a su convento de
San Martín. A finales del siglo X, la villa es posesión del Conde
Fernán González. Alfonso VII le otorga el llamado "Privilegio
Viejo de Laredo". En el año 1200, gracias a Alfonso VIII la
villa obtiene la jurisdicción para la explotación comercial de la
mar, desde el canal de Galizano hasta la desembocadura del Asón, momento
en el que inicia una etapa de despegue y comercio marítimo con Europa. Alfonso
X concedió a su Concejo "cartas de estimación y merced"
por los muchos servicios que hicieron sus habitantes en la conquista de Sevilla
(siglo XIII). Por aquel entonces Laredo fue puerto militar de Castilla y el único
habilitado desde Avilés a Bilbao para las expediciones a América,
hasta que Sevilla y Cádiz ganaron terreno en este aspecto. La preponderancia
histórica de Laredo se mantiene durante a partir del siglo XIII en toda
la costa cantábrica, y se ve reflejada en su estructura urbana, especialmente
en la zona conocida como "puebla vieja". En este sector, las casonas,
palacios, torres, iglesias y conventos conforman un valioso conjunto. A finales
del siglo XV fue sede del corregidor de las Cuatro villas de la costa (con Santander,
Castro y San vicente de la Barquera) y de la Merindad de Trasmiera, y posteriormente
se estableció en la villa el Regimiento de Milicias. Esta acumulación
de competencias políticas, militares y comerciales dio a la villa una gran
autoridad territorial que fue conocida como "Bastón de Laredo",
y determinó su época de máximo esplendor. Como puerto
real, Laredo fue escenario de dos viajes que marcaron simbólicamente la
España moderna: la partida en 1496 de Juana de Castilla, hija de los Reyes
Católicos, a Flandes, donde se casó con Felipe de Borgoña
"El Hermoso", y el regreso, en 1556, de su hijo el emperador Carlos
V, camino de su retiro en Yuste, cuyo desembarco conmemora en la actualidad con
vistosos festejos, que tienen lugar cada año, a finales de septiembre.
Memoria de esta época de esplendor es el conjunto histórico de la
Puebla Vieja y el Arrabal, en torno a la iglesia de Santa María de la Asunción,
donde pervivien las casas fuertes de los principales linajes de la villa y aún
pueden verse restos de la muralla defensiva. Desgastada por los duros ataques
navales, y posteriormente diezmada por sucesivas epidemias, Laredo fue perdiendo
su fuerza a la vez que el otro gran puerto natural del Cantábrico, Santander,
la ganaba, languideciendo progresivamente. La villa comenzó a recobrarse
en la segunda mitad del siglo XIX, impulsada por una industria conservera que
hoy se mantiene pujante, y un incipiente turismo atraído por su situación
privilegiada. De ésta época y de principios del siglo XX es el primer
ensanche de la villa, junto a la puebla vieja, donde se concentra actualmente
la actividad comercial y administrativa laredanas. A partir de la década
de los treinta del siglo XX, y sobre todo en los sesenta, Laredo experimentó
un gran auge turístico que la consolidó como uno de los principales
centros de veraneo del norte de España. La villa creció con viger
en un segundo ensanche a lo largo de los cuatro kilómetros de arena fina
y dorada de la playa Salvé, donde se dan unas condiciones excelentes pare
el baño. La resguardada bahía es óptima además para
diversos deportes náuticos como el windo-surf, el surf o el piragüismo,
aunque destaca la vela, disciplina con gran arraigo en la villa, en cuyas aguas
se desarrollan desde hace décadas competiciones internacionales de máximo
nivel.
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