Guía de viajes de Alcalá
de Henares |
Declarada
Patrimonio de la Humanidad en 1998, Alcalá de Henares, situada a 33 kilómetros
de Madrid por la A-2, muestra hoy en todo su esplendor su rico pasado como modelo
de ciudad universitaria del Renacimiento. La cuna de Cervantes, que conserva la
memoria del universal autor de "El Quijote" en una casa museo del siglo
XVI, es también la ciudad de Nebrija, el autor de la primera gramática
castellana, y, sobre todo, el producto del sueño renovador del humanismo
cristiano del Cardenal Cisneros. Poblado íbero -Iplacea-, ciudad romana
-Complutum-, Alcalá recibe su nombre de la denominación árabe
"Al-Kala-en-Har" (castillo). Alfonso VII reconquista la ciudad en 1129
y Sancho IV funda en ella, en 1293, los Estudios Generales, que son el germen
de la futura Universidad. El primer curso académico de la Universidad de
Cisneros tiene lugar en 1508: la institución dependerá directamente
del rey, tendrá su fuero, su policía y su cárcel, y por ella
pasarán, en años sucesivos, Calderón, Quevedo, Lope, San
Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola o Jovellanos. Una brillante trayectoria
que se vio truncada en 1836, cuando la Universidad se traslada a Madrid, de donde
no regresará hasta 1968, coincidiendo con la declaración del centro
de la ciudad como Conjunto Histórico Artístico. El Colegio de
San Ildefonso, construido por Rodrigo Gil de Hontañón entre 1541
y 1553, es un espléndido ejemplo de plateresco y el primer emblema de esta
Universidad. En él se pueden admirar el Patio de Santo Tomás y el
Patio Trilingüe, el Paraninfo y la magnífica Cátedra universitaria.
En la Capilla de San Ildefonso se encuentran los cenotafios de Cisneros y de Nebrija,
y el imponente sepulcro del primero. El Colegio Máximo de los jesuitas,
el Colegio de San Francisco de Paula o el edificio del Carmen Calzado forman,
entre otros, el imponente conjunto de los centros universitarios, donde se alojan
hoy las diferentes facultades. Pero a pesar de su importancia, Alcalá
de Henares no es sólo su Universidad. En la ciudad complutense brillan
también con luz propia la Catedral Magistral de San Justo -donde se veneran
los restos de los mártires Justo y Pastor-, reedificada por Cisneros en
el XVI y con una bella portada entre el gótico tardío y el plateresco,
el Palacio Arzobispal, con su fachada renacentista, obra de Covarrubias, varios
lienzos de la antigua muralla, o los conventos de la Madre de Dios y de San Bernardo.
Un conjunto que permite recuperar, en medio de la ciudad moderna y bulliciosa,
el encanto y la magia de una de las referencias universales del Renacimiento.
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