Dada su ubicación geográfica, Chipre ha sido objeto de
sucesivas invasiones extranjeras a lo largo de toda su historia. Su aislamiento
y la escasez de defensas naturales le ofrecían al enemigo un territorio
fácil de invadir. Los orígenes de su población se remontan
al Neolítico, pues existen restos arqueológicos que datan del 7000
a.C. Los griegos aqueos se establecieron en la isla entre el 2500 y 1050 a.C.,
comenzando así la influencia helénica en la zona. Los fenicios también
ocuparon la isla por la zona de Kition (actual Larnaca), y posteriormente pasaron
por esta tierra egipcios y persas. Estos últimos dominaron la isla hasta
la invasión de Alejandro Magno, quien la reclamó como parte de su
imperio. Tras cruentas luchas, el país pasó a manos de los Ptolomeos
de Egipto. Chipre formó parte de la provincia de Siria durante el Imperio
Romano y después fue una provincia independiente regida por un procónsul.
Hacia el siglo I d.C., llegaron San Pablo y San Bernabé en misión
evangelizadora, convirtiendo a Sergius Paulus, a quien se reconoce como el primer
gobernador cristiano de la región. Este hecho propició nuevos enfrentamientos
hasta que se dio libertad a los cultos cristianos por el Edicto de Milán
del 313. Las guerras por motivos religiosos, aunadas a las plagas y los terremotos
que azotaron la zona, destruyeron gran parte de las construcciones de entonces.
Una vez dividido el Imperio Romano, Chipre quedó bajo la influencia bizantina.
Los terremotos del siglo cuarto prácticamente acabaron con las principales
ciudades y tras su reconstrucción, se determinó Constancia como
la nueva capital. En el año 488 el Arzobispo de Chipre gozó de plena
autonomía para gobernar la isla. En el siglo VII Chipre es invadida
por los árabes, teniendo posteriormente que defender la zona de los ataques
de los piratas y corsarios de la época. En 1191, el gobernador de Chipre
negó su ayuda a los supervivientes del naufragio de unos navíos
de la flota de Ricardo I de Inglaterra, que se dirigían a Tierra Santa
durante la Tercera Cruzada. Ricardo invadió la isla y posteriormente se
casó con Berenguela de Navarra, coronada reina de Inglaterra en Limasol.
Al tiempo, el Rey vendió la isla a los templarios por 100.000 dinares y
éstos hicieron lo mismo a un caballero cruzado francés. Durante
el dominio de Francia, Chipre vivió la instauración de la iglesia
católica en el país. Aun se conservan construcciones de esta época
como las Catedrales de Nicosia, Famagusta y Balapis. La última reina francesa,
Caterina Cornaro, cedió Chipre al reino de Venecia en 1489. Con la llegada
de los venecianos se construyeron fuertes para defenderse de los ataques turcos
y la mayor parte de los edificios antiguos fueron destruidos. A pesar de ello,
los venecianos sucumbieron ante la fuerza turca en el siglo XVI y el imperio otomano
gobernó hasta el siglo XIX, cuando cayó ante la rebelión
griega en Chipre. La expansión colonialista británica llegó
a la isla con la Convención de Chipre de 1878. Sin embargo, la ocupación
parcial otomana continuó hasta 1923, fecha en que Turquía renunció
a cualquier posible derecho sobre Chipre. En 1925 se declara definitivamente colonia
británica. Los enfrentamientos comenzaron en 1955 y duraron casi un lustro,
finalizando con la independencia total de la isla en 1960. El país ingresa
en las Naciones Unidas, en el Consejo de Europa, en la Comonwealth y en el movimiento
de países no-alineados. Chipre se convirtió en un estado independiente
luego de 3.500 años de historia y la dirección de la nueva república
fue asumida por el presidente Archevêveque Makarios. La comunidad turca
respondió a algunas cláusulas de la constitución de 1960
y fue así como en 1974 se produjo el golpe de Estado que permitió
a los turcos la ocupación de la zona norte, el 37% del territorio en el
que unos 200.000 chipriotas de origen griego (40% de la población) se han
convertido en regugiados en su propio país.
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