Ruta do SarelaEl río
Sar y el Sarela fueron desde siempre parte fundamental de la vida de los habitantes
de Compostela, una ciudad que creció entre dos ríos. A lo largo
de todo el recorrido de esta ruta, encontramos muestras de sus distintos usos
como fuente de recursos y espacios de trabajo u ocio: lavanderas y molineros -oficios
hoy desaparecidos- llevaban a cabo su trabajo en el río. Gracias al acondicionamiento
y limpieza de los márgenes del río, hoy podemos disfrutar de su
recorrido en un entorno rural que nos adentra en los oficios tradicionales en
Santiago, con multitud de molinos y lavaderos en el camino. Aunque hoy ha
desaparecido como actividad, los márgenes del río Sarela a su paso
por Santiago acogen abundantes muestras del antiguo esplendor de la industria
-si cabe- más importante de la ciudad durante el siglo XIX: la de las fábricas
de curtido de pieles. La necesidad de agua corriente así como una
red viaria próxima para facilitar el transporte de materias primas y la
distribución de los cueros manufacturados, convirtió las orillas
del Sarela en zonas idóneas para esta actividad. El mal olor que desprendían
los materiales y sustancias utilizadas también obligó a estas factorías
a situarse en los arrabales de la ciudad. Algunos de los vestigios de lo
que fue este oficio en esta ruta son los siguientes: Fábrica de
casas do Rego (1791-1959) El florecimiento de las tenerías en
Compostela viene dado de la mano de un grupo de maestros curtidores vascofranceses,
llegados desde finales del siglo XVIII. La curtidoría de Casas do Rego,
fundada por Juan Elizalde, es la primera estadía por la que pasan muchos
de ellos. El edificio, destinado a vivienda y oficinas, revela la importancia
que tuvo en la época. Fábrica da Ribeira de San Lourenzo Llegó
a emplear en 1841 a ocho personas, lo que la convirtió en una de las curtidorías
más importantes de la época. En 1886 pasa a manos de los Harguindey,
la familia que controlaba la mayor parte del negocio del curtido de la zona. Tras
un periodo de baja producción en los años veinte, resurge durante
la Guerra Civil como proveedora de materia prima para cintos, botas, etc. Fábrica
da Pontepedriña de Arriba (1789-1961) Construida por Ignacio
Calvo y Manuel Abendaño, fue una de las más destacadas por su dimensión
e importancia en el sector. En una primera ampliación de la actividad,
los propietarios pasaron a importar los cueros directamente del Río de
la Plata. Tras una etapa de inactividad desde finales de los años 60, pasa
a manos de la familia Vilas en 1885, que la regenta hasta su cierre definitivo.
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