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| Victoria de Gustavo Adolfo de Suecia en la Batalla
de Breitenfeld en 1631. | La Guerra de los Treinta Años
fue una guerra librada en la Europa Central (principalmente Alemania) entre los
años 1618 y 1648, en la que intervino la mayoría de las grandes
potencias europeas de la época. Esta guerra marcará el futuro de
Europa en los siglos posteriores. Aunque inicialmente se trató de un
conflicto religioso entre estados partidarios de la reforma y la contrarreforma
dentro del propio Sacro Imperio Romano Germánico, la intervención
paulatina de las distintas potencias europeas convirtió el conflicto en
una guerra general por toda Europa, por razones no necesariamente relacionadas
con la religión (búsqueda de una situación de equilibrio
político, alcanzar la hegemonía en el escenario europeo, enfrentamiento
con una potencia rival, etc.).
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| Muerte del rey Gustavo Adolfo en la Batalla de Lutzen
(1632) | La Guerra de los Treinta Años llegó
a su final con la Paz de Westfalia y la Paz de los Pirineos, y supuso el punto
culminante de la rivalidad entre Francia y los territorios de los Habsburgo (el
Imperio español y el Sacro Imperio Romano-Germánico) por la hegemonía
en Europa, que conduciría en años posteriores a guerras nuevas entre
ambas potencias. El mayor impacto de esta guerra, en la que se usaron mercenarios
de forma generalizada, fue la total devastación de territorios enteros
que fueron esquilmados por los ejércitos necesitados de suministros. Los
continuos episodios de hambrunas y enfermedades diezmaron la población
civil de los estados alemanes, y en menor medida, los de los Países Bajos
e Italia, además de llevar a la bancarrota a muchas de las potencias implicadas.
Aunque la guerra duró 30 años, los conflictos que la generaron siguieron
sin resolverse durante mucho tiempo. Durante el curso de la misma, la población
del Sacro Imperio se vio reducida en un 30%. En Brandeburgo se llegó al
50%, y en otras regiones incluso a dos tercios. La población masculina
en Alemania se redujo a la mitad. En los Países Checos la población
cayó en un tercio a causa de la guerra, el hambre, las enfermedades y la
expulsión masiva de checoslovacos protestantes. Sólo los ejércitos
suecos destruyeron durante la guerra 2.000 castillos, 18.000 villas, y 1.500 pueblos
en Alemania.
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